Este artículo fue publicado originalmente en el periódico Innovaspain.
La soberanía tecnológica se ha convertido en una cuestión estratégica de primer orden. Ya no es un debate teórico ni una aspiración a largo plazo: es una necesidad inmediata en un contexto en el que la innovación avanza a un ritmo vertiginoso y la competencia internacional marca el paso. Europa y España solo podrán garantizar su competitividad, su seguridad y su bienestar si son capaces de disponer de las tecnologías críticas necesarias para afrontar los grandes retos de nuestro tiempo.
Pero la soberanía tecnológica no se construye de manera aislada ni desde la confrontación entre actores. Al contrario, exige movilizar todas las capacidades disponibles y aprovechar las competencias de cada agente. Administraciones, empresas y organizaciones de investigación como Centros Tecnológicos y universidades formamos parte de un mismo ecosistema, diverso y complementario, que solo puede desplegar todo su potencial cuando actúa de manera coordinada.
“La soberanía tecnológica no puede ser patrimonio exclusivo de las grandes corporaciones ni de unos pocos sectores punteros”
En este escenario, los Centros Tecnológicos agrupados en Fedit, con más de 10.500 profesionales dedicados a la I+D+I y una facturación superior a los 900 M€ en 2024, jugamos un papel fundamental. Somos, por un lado, aliados estratégicos de proximidad para miles de pymes que necesitan apoyo para innovar, digitalizarse o incorporar procesos sostenibles. Pero al mismo tiempo somos también referentes de excelencia en investigación aplicada, como lo demuestra nuestra activa participación en el Programa Marco europeo, los cerca de 30.000 proyectos anuales de innovación que desarrollamos, y el gran número de patentes que generan nuestros equipos. Esta doble dimensión —cercanía y excelencia— convierte a los Centros Tecnológicos en un socio imprescindible para alcanzar la soberanía tecnológica.
El tiempo, sin embargo, corre en contra. La velocidad con la que emergen nuevas tecnologías y se reorganizan las cadenas de valor globales nos obliga a trabajar rápido y de manera coordinada. No podemos permitirnos duplicidades o ineficiencias, ni, mucho menos, generar brechas que dejen fuera a quienes más necesitan apoyo. La soberanía tecnológica no puede ser patrimonio exclusivo de las grandes corporaciones ni de unos pocos sectores punteros: debe ser una estrategia inclusiva, que llegue a todo el tejido productivo y que valore la diversidad como un activo.
La diversificación, precisamente, es uno de los pilares de esa soberanía. Diversificar nuestras fuentes de conocimiento, nuestras capacidades industriales y nuestras cadenas de valor es la mejor manera de garantizar resiliencia ante futuras crisis y de abrir nuevas oportunidades de crecimiento. Los Centros Tecnológicos, por nuestra propia naturaleza transversal, somos catalizadores de esa diversificación: trabajamos en múltiples sectores, desde la energía a la salud, desde la movilidad a los materiales avanzados, y acompañamos tanto a grandes empresas como a pequeñas.
Mejorar la coordinación
Para avanzar en esta dirección, necesitamos reforzar tres compromisos claros. El primero, más inversión estable y sostenida en I+D, pública y privada, que permita a las empresas arriesgar y a los Centros Tecnológicos a anticipar soluciones de futuro. El segundo, una política sólida de transferencia tecnológica, que asegure que el conocimiento generado en los organismos de investigación se transforma en innovación aplicada y accesible al tejido empresarial. Como tercero, una cultura de cooperación entre agentes, que ponga en valor la complementariedad de capacidades como palanca de crecimiento y no como terreno de competencia.
Los informes recientes de Enrico Letta, Mario Draghi o Manuel Heitor insisten en que Europa necesita reforzar sus propias capacidades en tecnologías críticas. Pero esa recomendación no debe interpretarse como una llamada al aislamiento, sino como una exigencia de trabajar juntos, más rápido y con mayor ambición. España cuenta con una red de centros tecnológicos, universidades, empresas y administraciones que, si actúa de manera coordinada, puede situarnos en una posición de liderazgo en esta carrera.
La soberanía tecnológica no se logra levantando muros, sino tejiendo redes. Se construye cuando una universidad conecta su investigación con una empresa industrial, cuando una gran corporación colabora con startups y pymes, cuando una administración crea marcos que favorecen la innovación, y cuando un Centro Tecnológico genera conocimiento y lo traduce en soluciones tangibles que mejoran la competitividad.
«La oportunidad está aquí y no podemos dejarla pasar«
Desde Fedit defendemos que la soberanía tecnológica debe concebirse como una tarea compartida, inclusiva y urgente. Compartida, porque ningún agente puede afrontarla en solitario. Inclusiva, porque solo llegará a ser real si integra a todo el tejido empresarial, evitando nuevas brechas. Y urgente, porque las decisiones que no tomemos hoy nos alejarán mañana de los liderazgos que necesitamos.
La soberanía tecnológica no es un destino estático, sino un camino dinámico que exige cooperación, visión y rapidez. Y en ese camino, los centros tecnológicos estamos preparados para ser aliados estratégicos de España y de Europa: cercanos a las empresas, excelentes en investigación y decisivos en la transferencia. La oportunidad está aquí y no podemos dejarla pasar.