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El símil bélico sigue copando titulares para ilustrar la respuesta ciudadana e institucional a la crisis sanitaria del COVID-19. No es para menos. Mientras continúa el confinamiento doméstico, donde los viernes nunca se parecieron tanto a los lunes, seguimos a diario la actualidad de la primera línea de batalla en la que profesionales sanitarios y no sanitarios están dando lo mejor de sí mismos para luchar contra este enemigo invisible. Verdaderos héroes en tiempos modernos.

La lucha permanece y los daños colaterales que esta pandemia está dejando en la economía empiezan a ser visibles en forma de ERTE, despidos y cese de actividad de muchas empresas. Los economistas se debaten entre si la recuperación tendrá forma de U o V, pero existe una corriente de opinión generalizada que anuncia que no estamos ante una crisis más. Nos enfrentamos a un cambio de paradigma que dejará un escenario totalmente distinto al actual.

En esta coyuntura crítica que se avecina, la capacidad de las empresas para dar respuesta a los retos motivados por los cambios de prioridades y formas de consumo de sus clientes, o por la reconfiguración de las propias redes de suministro, estará necesariamente ligada a su potencial innovador. La era poscovid-19 acelerará el proceso de destrucción creativa (1) de los habilitadores digitales como la robotización, el Big Data o la Inteligencia Artificial, y ampliará la brecha ya existente, en términos de competitividad y capacidad de adaptación, entre las empresas que han apostado de manera decidida por estas tecnologías y las que no. El inicio de la crisis sanitaria nos ha permitido ver la adopción masiva de soluciones digitales para el trabajo en remoto por parte de pequeñas y medianas empresas. Aunque necesarias, estas tecnologías son servicios básicos que no suponen un cambio significativo en el grado de digitalización empresarial. Queda por delante un largo e ineludible camino por recorrer en la adopción tecnológica que provoque la verdadera revolución digital en el tejido empresarial español.

Pero innovar, y más en tiempos de incertidumbre, nunca ha sido fácil. Transformar ideas en negocio requiere tiempo, esfuerzo y capacidad de asumir riesgos. También colaboración. Estamos asistiendo a la respuesta coordinada, y en cooperación con las administraciones, de numerosas empresas y entidades para ofrecer soluciones a la crisis sanitaria. Una de las muchas lecciones que nos está dejando el COVID-19 y que deberá permanecer en el futuro. En el nuevo escenario que se presenta, resultará necesario seguir consolidando modelos de innovación abierta que permitan la creación de ecosistemas para sumar capacidades y fomentar la creación de oportunidades. Estos ecosistemas, en los que las empresas buscan el valor externo aportado por proveedores tecnológicos, centros de competencias y universidades, tienen que ofrecer soluciones, excelencia tecnológica, servicios avanzados, casos de éxito de referencia y espacios de demostración para impulsar la innovación ágil. Estos espacios deben erigirse como verdaderos hubs de innovación en los que concentrar esfuerzos entre la oferta y la demanda para facilitar la toma de decisiones y reducir el riesgo derivado de la inversión tecnológica. La innovación colaborativa debe promover el cambio definitivo de las tradicionales cadenas de valor hacia nuevas redes de valor con engranajes de intereses compartidos que permitan rediseñar las líneas que separan la competencia y la colaboración.

El futuro pasará, pues, por más colaboración y apuesta por tecnologías digitales que permitan respuestas rápidas en una etapa marcada por nuevas olas de innovación que darán forma a las empresas del futuro. La agilidad será un principio irrenunciable de las dinámicas no solo empresariales, también de las entidades públicas con el fomento, a través de programas públicos, de la inversión y la innovación tecnológica sin condenar a las empresas a recorrer largos laberintos burocráticos y a tiempos de espera difíciles de asumir.

La lucha contra el COVID-19 no cesa y la máxima prioridad para las empresas a corto plazo es garantizar la salud y seguridad de sus trabajadores, socios y proveedores. Pasada la tormenta, y llegado el momento de la reconstrucción, buscar tiempo para la agenda del futuro en forma de innovación tecnológica marcará, más que nunca, la capacidad de competir en el mercado. Mira a tu alrededor y busca los mejores compañeros para este viaje. La colaboración será el camino más directo hacia la aportación de valor para tus clientes.

[1] Término acuñado por el economista Joseph Schumpeter en los años 40 para para definir el proceso por el cual una innovación cambia el modelo de negocio predominante de una industria, transformando las técnicas de comercialización y producción de bienes y servicios.

Autor
Fran Ricau - ITI
Francisco Ricau | Director del Área de Información Estratégica e Innovación Empresarial de ITI

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