Nivel técnico del artículo

El boom de los coches eléctricos nos ha puesto delante una realidad incómoda: a veces, cuando intentamos arreglar un problema, destapamos unos cuantos nuevos. Surgen preguntas inevitables como: ¿son realmente “verdes” si la electricidad que los alimenta proviene en parte de la quema de carbón? ¿Hasta qué punto es sostenible utilizar baterías cuya fabricación tiene una huella de carbono considerable? Además, por si fuera poco, también deberíamos considerar el tema de la extracción de materias primas en países en vías de desarrollo, donde las condiciones laborales y medioambientales distan bastante de ser ideales. Todo ello sin olvidar otro pequeño detalle: ¿qué hacemos con toneladas de residuos químicos y metales pesados cuando estas baterías llegan al final de su vida útil? ¿Somos realmente tan verdes o nos estamos oscureciendo cada vez más? En este artículo vamos a centrarnos precisamente en esta última cuestión y en la solución que la Comisión Europea propone para intentar poner algo de orden en este caos.

Del litio al vertedero

En primer lugar, la extracción de materiales como el litio, el cobalto o el níquel implica un alto coste ambiental y social, lo que traducido a lenguaje menos técnico se traduce en que se está destruyendo buena parte del medioambiente y, al mismo tiempo, explotando física y económicamente a las comunidades locales. Gran parte de estos recursos se obtienen en países en vías de desarrollo, donde los controles medioambientales son limitados y las condiciones laborales, siendo optimistas, mejorables.

La fase de fabricación tampoco es neutra. La producción de baterías requiere procesos industriales energéticamente intensos, lo que se traduce en una elevada huella de carbono, especialmente si dicha energía proviene de fuentes no renovables. De hecho, en algunos casos, las emisiones generadas durante la fabricación pueden compensar en buena parte los beneficios ambientales obtenidos durante el uso del vehículo

Por último, uno de los mayores desafíos se encuentra al final de la vida útil de la batería. Estos materiales suponen un potencial riesgo ambiental que no podemos ignorar desechándolos, como sucede con gran parte de los residuos textiles, que terminan en vertederos pese a que, en teoría, también deberían reciclarse. Por una parte, ndevolvérselos a sus países de origen, pero por otra, tampoco podemos gestionarlos de cualquier manera dentro de Europa sin asumir riesgos ambientales serios. Actualmente, los sistemas de reciclaje de baterías aún no están completamente desarrollados, lo que provoca que muchas baterías no se gestionen de forma óptima. Esto no solo supone una pérdida de materiales valiosos, sino también un riesgo ambiental debido a la presencia de metales pesados y compuestos químicos peligrosos.

El Pasaporte Digital

No es la primera vez que hablamos del Pasaporte Digital de Producto (PDP), en el blog del proyecto anterior ya lo presentábamos como la última medida innovadora que se iba a implementar a finales de año para fomentar la sostenibilidad y la economía circular de los productos. Aunque, a día de hoy (mayo de 2026), seguimos sin tener mucho más claro cómo se va a conseguir desarrollar de verdad. Alcanzar este objetivo requiere un enorme esfuerzo de estandarización por parte de los correspondientes organismos públicos, principalmente CEN y CENELEC, previsto inicialmente para finales de 2025 pero cuya salida oficial sigue retrasándose, como suele ocurrir. Es más, aunque la estandarización técnica ya fuera definitiva, eso solo sería un esqueleto, puesto que todavía quedaría por definir cómo funcionaría en el resto de los sectores industriales, ya que no se hará el mismo seguimiento de un coche eléctrico que de una silla de plástico.

TRACA: prototipando desde la Comunitat Valenciana

Las baterías se presentan como el primer candidato para la implementación del PDP, ya que cuentan con un reglamento específico en esta línea. Durante 2025, ITI ha colaborado con ITE (Instituto Tecnológico de la Energía) e INESCOP (Instituto Tecnológico del Calzado), en el marco del proyecto TRACA (Trazabilidad y Circularidad Aplicada. Diseño y desarrollo de una solución de pasaporte digital de producto multisectorial para baterías y calzado) para prototipar cómo podría funcionar este pasaporte a partir de un modelo de datos extraído de escenarios de producción reales.

Mientras el enfoque en baterías se genera directamente de la normativa actual, el calzado sirve como un caso exploratorio de medio plazo: aprovechando lo que se va entendiendo en el sector energético, INESCOP ha decidido prototipar su propio PDP, anticipando regulaciones futuras que aún no están definidas. Esto muestra que, aunque no sea obligatorio hoy, adelantar trabajo permite hacer la futura implementación más manejable y menos traumática.

De residuo a recurso

El PDP se presenta como una medida destinada a potenciar la economía circular. Pensemos en el caso de las baterías. Al llegar al final de su ciclo de vida, si se ha realizado una trazabilidad adecuada de la batería de un vehículo eléctrico, registrando sus mantenimientos, estados, ciclos de carga y reparaciones, esta batería se puede reacondicionar y convertir en apta para otro ámbito, como una instalación fotovoltaica. Este es el principal beneficio del PDP: habilitar mecanismos que permitan la consulta y actualización de los datos de un producto por las empresas correspondientes: fabricantes, talleres, recicladores, etc.

El coste real: ¿quién paga esto?

Otro de los requisitos de la Comisión Europea respecto al PDP es que debe tener un impacto y coste mínimo para las empresas. Esto, sin embargo, resulta bastante surrealista, dado que se les exigirá mantener un registro de datos desde antes de la fabricación, durante toda la vida del producto y hasta su reciclaje, mientras que, hasta ahora, el fabricante solo se interesaba en su producto hasta que lo vendía. No sólo eso, además, ahora habrá que implementar nuevos mecanismos para asegurar que los agentes que quieran actualizar los datos de un producto, por reparación o mantenimiento, estén debidamente autorizados y capacitados técnicamente.

Proveedores de servicios: la pieza que faltaba

Por estos motivos, recientemente ha empezado a tomar más peso la figura de los proveedores de servicios. Estas entidades actuarían como intermediarios técnicos: crearían y gestionarían la infraestructura digital del PDP (bases de datos distribuidas, verificación de identidades digitales, APIs, etc.), permitiendo que las PYMES se centren en su negocio sin necesitar financiar una digitalización integral de sus empresas.

En nuestro prototipo TRACA, hemos explorado y validado esta arquitectura con éxito.

La solución a la que hemos llegado permitirá a las empresas empezar a publicar el PDP de sus productos con datos que pueden subir a nuestra plataforma a través de conectores sencillos de implementar, y que los ciudadanos o posibles compradores pueden consultar directamente desde su móvil sin descargar ninguna aplicación, simplemente escaneando un código QR que se imprimirá en el producto. Además, combinándolo con las soluciones basadas en blockchain con las que ya veníamos trabajando, conseguimos que nuestra plataforma proveedora de servicios PDP ofrezca la seguridad e inmutabilidad que proporcionan este tipo de tecnologías.

Autor
Ismael Illán García | Ingeniero I+D Junior en ITI
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