El advenimiento de Internet ha sido, posiblemente, el principal avance tecnológico de los últimos 50 años, pero no sólo por el hito tecnológico en sí, sino por los avances que ha desencadenado en la ciencia, en las comunicaciones o la cultura, entre muchos otros sectores. Pero tampoco nos vamos a engañar, toda luz genera sombras. Una de las principales sombras que ha proyectado internet ha sido la de la piratería.
La piratería es algo muy extendido y, con alta probabilidad, muchos de nosotros la habremos consumido en algún momento, ya sean películas, libros, música, juegos, otros tipos de software… la lista es interminable. Los motivos detrás de esta piratería son múltiples, desde la generosidad del que da a la falta de escrúpulos del que recibe (todos hemos sido esta persona, admitámoslo, por favor), al reto de superar tecnológicamente una barrera de seguridad… pero el principal motivo, es la falta de control sobre los activos (es decir: música, película, software) digitales que son pirateados y compartidos. Básicamente, cualquier activo existente en formato digital puede replicarse y compartirse, por distintos medios y con pocas esperanzas de poder ser bloqueado.
Ahora, con esta tesitura, decidme con que cara vamos y le decimos a cualquier empresario que el futuro está en la compartición de datos: Sí, CEO, ven, que vamos a explicarte las bondades de exponer tus datos a terceros para que vengan y los usen, pero TRANQUILO, QUE NO PASA NADA. Ya, claro. Ven Robb Stark, ven, hombre, que sólo es una cena.
El temor de cualquier potencial proveedor de datos a compartir es grande y con razón, viendo el contexto pirata que hemos comentado. Los miedos más comunes suelen comenzar por un «me van a piratear», «me van a hackear» o «esto no puede ser seguro», seguidos por otros más serios como «pongo en riesgo desvelar secretos de negocio, operativa o semejantes» o «me pueden hacer ingeniería inversa». La realidad, sin embargo, es que se están dando pasos de gigante en garantizar que los proveedores de datos mantienen el control sobre sus datos, que son capaces de definir políticas de control de acceso o de uso sobre los mismos y restringir las acciones de los posibles consumidores de datos. Estos avances caen dentro de lo que se ha venido a llamar Soberanía del Dato.
Hasta hace poco, nuestro concepto de compartir datos se basaba en «toma mis datos». Es decir, se producía una entrega de los mismos. En cuanto el dato salía de manos del proveedor éste perdía todo control sobre el mismo, dependiendo de la buena voluntad, legal o no, del consumidor de datos. Actualmente, se está trabajando en el uso de conectores de datos especializados que ofrecen la posibilidad de compartir datos acompañados de estas políticas de soberanía del dato que hemos mencionado y, cuyo objetivo, es el de buscar las maneras de mantener el control del dato en manos del proveedor.
¿Quiere decir esto que el problema está resuelto? No, ni mucho menos. Hoy día estamos dando grandes pasos, como he comentado, pero son los primeros. Algunos ejemplos serían los siguientes:
- Se está trabajando en políticas que permiten el acceso a los datos con restricciones temporales, es decir, sólo durante un periodo de tiempo.
- Se controla el acceso permitiéndolo sólo a aquellos actores que cumplan una serie de condiciones definidas por el proveedor, desde una identidad en concreto a aspectos de geolocalización, actividad económica, etc.
Esto tiene limitaciones, dado que, en estos momentos, el principal medio de compartición del dato, sigue siendo «toma mis datos» (OUCH!), ya sea vía descarga de archivos o permitiendo el acceso controlado a un dataservice, pero es que también estamos haciendo cosas en esta línea:
- Se está trabajando en mecanismos mucho más avanzados, como que los datos sólo puedan ser consumidos en la infraestructura del proveedor de datos -es decir, los datos no viajan, viaja el código.
- Se está trabajando en intercambiar datos encriptados para ser consumidos sin ser desencriptados. Sí, me habéis leído bien. Se está trabajando en técnicas de preservación de la privacidad MUY LOCAS. Os invito a pedirle información a ChatGPT sobre cosas como cifrado homomórfico o pruebas de conocimiento zero.
ITI está trabajando en todas estas cosas y en alguna más en iniciativas como Wisephere, un entorno tecnológico que permite a las organizaciones gestionar, compartir y explotar los datos en un entorno confiable y seguro, con el objetivo de transformar esos datos en conocimiento y valor. La evolución de Wisephere es el principal foco de proyectos como MEGADATA, donde estamos trabajando estrechamente con empresas tecnológicas pero también con posibles proveedores de datos, como serían las principales autoridades portuarias de la Comunitat Valenciana: Alicante, Castellón y Valencia. Desarrollamos una actividad simbiótica, donde transferimos el conocimiento de que disponemos en materia de gobernanza, calidad o soberanía del dato, entre otros, y las empresas nos apuntan direcciones relevantes por donde evolucionar Wisephere.
Uno de los focos de esta labor de transferencia de conocimiento es esa labor evangelizadora de transmitir tranquilidad en cuanto al intercambio de datos. Junto a los puertos, a la industria valenciana, estamos trabajando en construir los galeones que permitirán defender la soberanía de nuestros datos, blindarlos y habilitar ese intercambio de datos como una potente herramienta de monetización del dato: potenciando colaboraciones, sinergías o venta de datos. Nuestros diez cañones (o cuarenta, que hablamos de galeones) por banda pasan por nuestras políticas de control de acceso y uso del dato, nuestras técnicas de preservación de la privacidad, el uso de conectores especializados y, sobre todo, la madurez tecnológica de las empresas. Por eso, si piensas que la compartición de datos es relevante en el futuro de tu empresa, en este momento, ya, mándanos un email y déjanos ayudarte.
Bienvenido, grumete.