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El siglo XXI se anuncia como el siglo de la mujer. En uno de los últimos compromisos de Naciones Unidas, “Por un planeta 50-50 en 2030: Demos el paso por la igualdad de género”, se pedía a los gobiernos realizar compromisos nacionales para abordar las dificultades que impiden progresar a las mujeres y las niñas, y alcanzar su pleno potencial. Fue presentado con ocasión del Día Internacional de la Mujer en el año 2015 y ya estamos en 2020. En un mundo donde todo cambia constantemente, parece que las mujeres necesitaremos mucho más tiempo para alcanzar esta última conquista, salvo que consigamos que se convierta en un compromiso común.

Pedimos, vivimos y se anuncian cambios enormes, nuevos modelos de familia; a ampliación de la esperanza de vida; maternidad en edades más avanzadas; derecho a una muerte digna; cambios en las formas de consumo; cambio climático; globalización de las empresas; revolución de la logística; nuevos modelos educativos; nuevos modelos energéticos; nuevas formas de comunicación; agotamiento de los recursos naturales; nuevos puestos de trabajo; la tecnología y los problemas de la brecha digital … Todos estos aspectos y muchos más, requieren nuevas formas de regirse, nuevas leyes, nuevos aprendizajes, nuevas decisiones y no pueden dejar de contemplar las necesidades y opiniones de un mundo diverso. Las mujeres no podemos permanecer al margen de todo ello. Hay grandes debates en el mundo. El mundo que viene es muy complejo y las mujeres debemos estar en primera línea de participación.

Quedan muchos asuntos pendientes para lograr la igualdad y las mujeres, sin ninguna duda, vamos a influir y a determinar lo que este mundo sea. Pensemos, por ejemplo, en el gran valor que la mujer puede aportar en el avance de países menos desarrollados. La sociedad no se debería permitir el lujo de perder la contribución de la mitad de su población. No sólo es lo que por justicia se debe hacer, es lo que inteligentemente se debe hacer.

El mundo está cambiando y todo hace pensar que nos movemos en la dirección correcta. Las mujeres vamos ocupando cada vez roles más importantes en la sociedad, en las empresas, en los gobiernos…  y por ello quizás, algunas personas pensarán que son excesivas estas acciones que parecen que hoy lo envuelvan todo, que ya estamos otra vez las mujeres con nuestras quejas. Y sí, es verdad que la sociedad ha cambiado, sobre todo si lo comparamos con 100 años atrás, es verdad que el mundo está cambiando, si miramos nuestro entorno más cercano de país desarrollado. Pero debemos ampliar nuestra vista, mirar un poco más allá, algunas veces, apenas más allá y veremos que sigue habiendo mucho que hacer. Veremos que, incluso en los países nórdicos, pioneros en políticas de igualdad, el porcentaje de hombres que deciden disfrutar de permisos parentales sigue siendo significativamente menor que en las mujeres; que siguen produciéndose muertes de mujeres por violencia de género; que siguen existiendo violaciones, en manada y sin manada; que la prostitución es cada vez más consumida por los jóvenes; que la brecha salarial persiste; que nos rodea los estereotipos que nos marcan desde nuestros primeros años y que determinan en exceso nuestras vidas… Ante una maternidad, hay siempre dos grandes preguntas ¿es un bebe sano? ¿es niño o niña? Dos preguntas que abren un mundo de rosas y azules. Y algo ocurre para que entre los 3 y los 5 años, ya sepamos que hay cosas de niños y de niñas; que a los 6 las niñas piensen que la inteligencia está al otro lado y que las adolescentes dejen de interesarse por carreras relacionadas con la ciencia, la tecnología, las matemáticas o la ingeniería, cuando son los conocimientos que más se reclaman desde las empresas, cuando el empleo en TIC ha resistido a la crisis económica y se consolida como uno de los sectores donde se van a necesitar más profesionales en los próximos años.

En España, las mayores tasas de empleo (79,7%) en 2017 se presentaron, tanto en hombres como en mujeres, en las personas formadas en Tecnologías de la información y las comunicaciones, sector que emplea a más del 3% de la población ocupada y con un claro potencial de crecimiento. Entonces ¿por qué las mujeres no estamos presentes en un sector o sectores que ofrecen más empleo y que van a ser claves para la economía del futuro? ¿Cómo es posible que la representación de las mujeres en la informática haya pasado de un 13,3% al 11,9% del alumnado?

La fuerza de una sociedad radica en su diversidad. La desigualdad es una frontera que lo obstaculiza todo. Las mujeres representamos más del 50% de la sociedad, por tanto, empoderar a la mujer es empoderar a la sociedad hacia este mundo lleno de cambios, en el que el talento y no el capital, será la llave que conectará la innovación, la competitividad y el crecimiento. Y ese necesario talento, no tiene género y somos nosotras las primeras que debemos creerlo.

La educación es, sin ningún género de duda, la herramienta más importante en este camino. No sólo porque una niña que estudia querrá hacer otras cosas, podrá perseguir ser autónoma económicamente y podrá contribuir a cambiar el mundo. También porque un hombre formado en la importancia de estos cambios, será el mejor de los compañeros para conseguirlos. Porque, en gran medida, somos lo que hacemos y vemos repetidas veces; reproducimos patrones de comportamiento sin darnos cuenta, así que para ser diferentes, tendremos que tomar conciencia y contribuir a cambiar lo que nos rodea.

Pero para que la igualdad sea una realidad, no es suficiente con dejar que las cosas ocurran de una manera natural y que los cambios se vayan produciendo poco a poco. Algunas veces es necesario empujar y desarrollar políticas que contribuyan a que esto ocurra, políticas que garanticen la igualdad de oportunidades frente a unas mismas capacidades, para que no haya que demostrar más para conseguir lo mismo.

Las empresas podemos y tenemos que hacer mucho en este compromiso, a través de Políticas de Gestión Transversales, que persigan la no discriminación y la igualdad de oportunidades en el desarrollo personal y profesional de todos sus miembros.  Desde las empresas, deberemos esforzarnos en desarrollar procesos de selección que se ajusten a criterios de valoración objetivos; favorecer políticas de conciliación de la vida personal con la laboral que permitan, tanto a las mujeres como a los hombres, participar y comprometerse con la educación y cuidado de sus hijas e hijos; deberemos ser más transparentes en nuestras políticas retributivas; esforzándonos en el uso de nuestro lenguaje; establecer medidas que garanticen el desarrollo profesional de una forma objetiva; trabajar por una mayor transparencia en los procesos de promoción; garantizar el acceso a la formación…Debemos esforzarnos en ser referentes para el resto de las empresas, referentes para nuestros amigos y amigas,  para nuestras hijas e hijos.

Me dedico a los RRHH desde hace más de 20 años. He pasado por muy diferentes sectores, hostelería, industria, servicios sociales y en los últimos 12 años las TIC. No soy capaz de contar las entrevistas de trabajo que puedo haber realizado en todos estos años, las personas que he contratado y que han trabajado conmigo, pero si algo tengo muy claro es que “El talento no tiene género”. Sea cual sea el sector, siempre he buscado personas con espíritu crítico, con capacidad de adaptación, flexibles, capaces de trabajar en entonos diversos, comprometidas, responsables, polivalentes, proactivas, con iniciativa, positivas, optimistas, con ganas de trabajar en equipo y de apartar en ellos, independientes, resolutivas, con buenas dotes de comunicación… El mundo, está lleno de hombres y de mujeres que cumplen estos requisitos y juntos, formamos el mejor de los equipos.

Autor
Lourdes Solaun
Lourdes Solaun | Directora de RRHH en Instituto Tecnológico de Informática
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