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Retos

Cero defectos, calidad total, satisfacción del cliente, optimización de procesos, LEAN manufacturing, productividad, competitividad, … Podríamos seguir completando con muchos más términos que están presentes en la realidad que viven las empresas a diario y que representan un reto que sólo puede ser abordado poniendo en marcha procesos de innovación tecnológica y de transformación. Progreso en definitiva.

A nivel nacional, las empresas de manufactura de bienes en general y más concretamente aquellas dedicadas al sector del automóvil y la fabricación de maquinaria industrial se encuentran en una disyuntiva, o más gráficamente, atrapadas por una pinza: por un lado la presión de los clientes que demandan productos de alta calidad y precios ajustados y por otro lado la presión por la competencia de países con menores costes salariales o que se encuentran en un punto de madurez digital superior al nuestro y compensan sus costes salariales con una mayor eficiencia productiva gracias a la implantación nuevas tecnologías. Nos superan en innovación, mejora de procesos, productividad y, en definitiva, progresan a mayor velocidad.

Durante muchos años, más de una década, nos hemos basado (en España) en la estrategia de mantener salarios muy ajustados para ser competitivos. Esta estrategia quizá funcionó en los peores momentos de la crisis que se inició en 2008 en la que no había tiempo de reacción, pero ya no puede continuar siendo la palanca en la que basar nuestra competitividad.

La competitividad de nuestras empresas se tiene que basar en aumentar la productividad mejorando la implantación de tecnologías innovadoras y en la mejora de los procesos de producción, eliminando ineficiencias y procesos que no aportan valor al producto final, pero que requieren de horas de trabajo de operarios cuyos costes hay que imputar en el precio final de los productos, estando así metidos en un círculo del que sólo se puede salir innovando, transformando, progresando en definitiva.

En este marco que nos impone la realidad, nos encontramos con empresas, pymes en su gran mayoría, que desarrollan su actividad en sectores industriales estratégicos (por su tamaño y valor añadido), que compiten a nivel internacional y en las que se detectan sistemáticamente ineficiencias en sus procesos que son suplidas por el esfuerzo personal de los trabajadores que se centran en tareas repetitivas y/o de bajo valor añadido, pero que son imprescindibles para garantizar la calidad del producto final y el cumplimiento de los compromisos con cliente.

Esas actividades ineficientes son en parte (hay otros factores que suman, como los problemas en educación y la baja inversión en I+D+i pública y privada) las que provocan que España sea uno de los países en los que más horas se trabaja pero con un pobre reflejo en la productividad, dejándonos por debajo de la media europea. Y una de las causa principales es la pobre penetración de las nuevas tecnologías en las empresas españolas.

Automatización

Cuando hablamos de mejora de procesos, eficiencia, transformación digital, instantáneamente aparece el fantasma de la robotización: los robots, la automatización, destruyen puestos de trabajo. Y si, podemos llegar a esa conclusión, si sólo se analiza el que la entrada de un robot en una estación de producción o la automatización de un proceso de verificación de la calidad de un producto impacta directamente en que se pierde un puesto (o varios) de trabajo. Pero estaríamos haciendo un análisis sesgado y corto de miras.

Principalmente porque ese robot o máquina que automatiza el proceso se ha tenido que diseñar por personal con alto nivel de cualificación, se ha fabricado en una planta industrial, ha sido programado, distribuido y comercializado, de forma que tras cada robot hay una cadena de valor en la que muchos profesionales con alta cualificación han desarrollado un producto con alto valor añadido.

Si el anterior ejemplo lo llevamos al mundo del software aplica igual. Se están desarrollando permanentemente robots software (RPA) que automatizan procesos de gestión de información que de otro modo son realizados por personas de forma manual y en la mayoría de los casos sin aportar valor al proceso, simplemente siendo la persona un “robot” que introduce los datos en los distintos sistemas que gestionan la información, una paradoja, ¿no?.

Al final, dedicamos más horas productivas a procesos repetitivos de bajo valor añadido en lugar de explotar nuestro ingenio e inteligencia (que no tienen aún las máquinas y tardarán mucho en igualarnos) en aportar mayor valor.

Asimismo, está demostrado que aquellos países con un mayor nivel tecnológico y de implantación de la automatización son más productivos y con niveles de paro inferiores: Japón, Corea del Sur, Alemania, entre otros.

En definitiva, la automatización de procesos es innovación y progreso y no se puede culpar al progreso inherente a nuestra especie de los problemas que aparecen y que debemos ser capaces de solucionar con otras medidas como el fomento de la formación constante, recolocación en puestos de mayor valor añadido, reciclaje en capacidades digitales y un largo etcétera que solo viene limitado por el esfuerzo que estemos dispuestos a hacer para encontrar una solución. Como dije antes, los países más avanzados en automatización son los que mayor nivel de empleo y riqueza tienen. No es un proceso inmediato, pero hay que empezar.

Si revisamos el pasado así ha sido con las tecnologías disruptivas, siempre. Pensemos en la invención de la rueda. La invención de la imprenta. La máquina de vapor. El teléfono. Todas ellas fueron disruptivas en su momento y barrieron infinidad de puestos de trabajo que dejaron de aportar valor, pero al mismo tiempo aparecieron nuevos y se crearon nuevas oportunidades.

Del mismo modo que en cada uno de esos de momentos, ahora se nos plantean nuevos retos. La respuesta, sólo puede ser una.

Progreso. Allá vamos.

 

Autor
Sergio Navarro - ITI
Sergio Navarro | Business Development Director de ITI