Por el año 2004, yo apenas era un niño cuando mi padre guardaba en una estantería una pila de películas a las que yo llamaba “las pelis del montón”. Entre todas ellas había una que, para mí, era distinta.
Se titulaba Yo, Robot.
La película imaginaba una ciudad en el año 2035 donde los robots humanoides formaban parte de la vida cotidiana. Ayudaban en los hogares, colaboraban en el trabajo, se movían por las calles y estaban plenamente integrados en la sociedad. Todo parecía funcionar con normalidad, hasta que Will Smith sale por pantalla para salvar el mundo.
Cuando veía aquella película, me fascinaba la tecnología que mostraba. Pero también estaba convencido de algo: aquello no iba a ocurrir. La robótica nunca avanzaría tanto como para que yo llegara a vivir en una sociedad semejante.
Durante mucho tiempo mantuve esa idea. Hasta hace muy poco.
Hoy, sin embargo, tengo claro que vamos hacia una sociedad en la que los robots tendrán un papel mucho más presente. Y lo más interesante es que ese cambio no está esperando a 2035. Ya ha empezado.
La robótica es una disciplina compleja porque no depende de un único avance, sino de la combinación de muchos. Mecánica, electrónica, inteligencia artificial, sensores, comunicaciones, ciencia de computadores y sistemas de control tienen que evolucionar de forma coordinada para que un robot sea realmente útil fuera de un entorno controlado.
Durante años, muchas de estas áreas tuvieron limitaciones importantes. Hoy, varias de esas barreras empiezan a desaparecer. Los motores y actuadores son más eficientes, compactos y precisos. La electrónica permite ejecutar algoritmos cada vez más complejos en dispositivos pequeños. Los sensores ofrecen una percepción más rica del entorno. Y, sobre todo, la inteligencia artificial ha cambiado las reglas del juego.
Gracias a la IA, los robots pueden aprender, adaptarse y mejorar su comportamiento. Hoy vemos robots bípedos capaces de caminar, correr, saltar, mantener el equilibrio o manipular objetos con una precisión que hace unos años parecía impensable. Ese mismo proceso de aprendizaje está permitiendo que la robótica avance también en entornos industriales, donde la variabilidad, la seguridad y la eficiencia son factores críticos.
Sin embargo, todavía existe un gran reto: enseñar a los robots a enfrentarse a tareas nuevas.
Un robot puede ejecutar muy bien una función concreta, pero sufrir cuando cambia el contexto, aparece un objeto desconocido o la situación requiere improvisar. En otras palabras, todavía le cuesta generalizar. Y la razón principal es sencilla de explicar, aunque difícil de resolver: faltan datos.
En inteligencia artificial generativa hemos visto avances espectaculares porque existen enormes cantidades de texto, imágenes, audio y vídeo para entrenar modelos. En robótica, el reto es diferente. No basta con entender palabras o imágenes: un robot tiene que interactuar físicamente con el mundo. Tiene que aprender trayectorias, fuerzas, errores, correcciones, texturas, distancias, objetos y formas de manipulación.
Existen miles de tareas posibles y miles de maneras de ejecutarlas. Enseñar todo eso requiere datos del mundo físico, y esos datos son mucho más difíciles de obtener. Por eso, el futuro de la robótica dependerá en gran medida de nuestra capacidad para generar, procesar y aprovechar datos de calidad.
Actualmente existen dos grandes vías para generarlos. La primera consiste en teleoperar robots y almacenar la información producida durante la interacción: movimientos, decisiones, imágenes, fuerzas, trayectorias y resultados. La segunda consiste en generar datos sintéticos mediante simulación, creando entornos virtuales donde los robots pueden practicar, fallar, repetir y aprender a gran escala.
Ambas aproximaciones apuntan a una misma conclusión: los datos son una pieza fundamental de la industria. Lo son en su generación, en su adecuación, en su transmisión y en su explotación. Y, en el caso de la robótica, son esenciales para consolidar el desarrollo de humanoides, manipuladores, robots móviles y flotas heterogéneas capaces de colaborar entre sí.
Desde ITI estamos contribuyendo activamente a este ámbito mediante el desarrollo de simulaciones realistas que permiten generar nuevos datos y validar comportamientos robóticos antes de llevarlos a entornos reales. También trabajamos en algoritmos orientados a asegurar el comportamiento de distintos tipos de robots, con aplicaciones que van desde la industria hasta escenarios de búsqueda y rescate.
Un ejemplo especialmente relevante es el trabajo (A MARL approach for connectivity-aware search and rescue in urban environments), presentado en ICRA, la conferencia internacional de referencia en robótica. En este trabajo se implementan algoritmos de aprendizaje por refuerzo multiagente para controlar flotas heterogéneas de robots en entornos urbanos, incorporando la conectividad como un elemento clave en la toma de decisiones. El proyecto ha contado, además, con la colaboración de investigadores del Jet Propulsion Laboratory (NASA).
También cabe destacar la participación de ITI en una iniciativa pionera dentro de euRobotics, orientada a incorporar la perspectiva robótica en el diseño de las futuras comunicaciones 6G, y cuyos resultados se publicarán en la prestigiosa revista IEEE Communications Magazine. Este punto es esencial dado que los robots del futuro no solo necesitarán más datos y mejores modelos de inteligencia artificial. También necesitarán comunicaciones avanzadas para interactuar con el entorno, coordinarse con otros sistemas y operar de forma segura. Todos estos conceptos convergen en el proyecto COGNIBOT (IMDEEA/2025/92), donde por primera vez un software apoyado por modelos de inteligencia artificial permitirá el despliegue y mantenimiento automatizados de una red privada 5G, además de la interacción de robots móviles con dicha red. Su validación en un entorno real permitirá obtener datos clave para entender cómo deben convivir redes, inteligencia artificial y robots en los entornos industriales del mañana.
Al principio hablábamos de una película de ciencia ficción ambientada en 2035. De una ciudad donde los robots ya formaban parte de la vida diaria. De una imagen que, durante años, parecía lejana.
Hoy esa imagen ya no parece tan improbable.
La robótica avanza porque la mecánica, la electrónica, la inteligencia artificial, los datos y las comunicaciones están madurando al mismo tiempo. Pero su impacto no dependerá únicamente de lo que los robots puedan hacer, sino de cómo decidamos integrarlos en nuestra sociedad, en nuestras empresas y en nuestra forma de trabajar.
Y ahí aparece la gran pregunta: si los robots están cada vez más cerca, ¿qué será de nosotros, los no robots?
La respuesta no pasa por observar el cambio desde la distancia, sino por participar en él. Desde ITI tenemos mucho que aportar para que esta transición sea inteligente, segura, útil y centrada en las personas.
Porque el futuro de la robótica no va solo de robots. También va de nosotros.